Como si nos hubiéramos convertido todos en el conejo de Alicia en el País de las Maravillas vamos por la vida sin pestañear al ritmo de «¡Llego tarde! ¡Llego tarde!». El éxito profesional parece ser directamente proporcional a montañas de mails sin leer, llamadas en domingo, horas extra incontables o noches en vela pensando en asuntos pendientes del día siguiente.
En la era Amazon, en la que todo es urgente, (cómpralo ahora, y recíbelo en menos de 12 horas) el sector de la comunicación ha entrado en una dinámica de supervivencia extrema. ¿A qué me refiero? A la inmediatez de publicar en redes sociales, la falta de criterio en diseños sin reposar, o las erratas en notas de prensa que han sido escritas casi antes de que esa noticia estuviera en el imaginario de sus protagonistas.
Nos estamos perdiendo disfrutar de los proyectos, saborear las ideas y mimar iniciativas que lo merecen.
¿Realmente es necesario este ritmo frenético? Sinceramente, no.
